Alan Robinson

Un cumpleaños loco

¿Qué es un cumpleaños neurodivergente? ¿En qué se diferencia de un cumpleaños normal? ¿Para quienes puede ser importante tener una segunda fecha de nacimiento y porque motivos?

 

 Yo soy mi historia clínica.
¿Dejé de ser mi historia, acaso?
Es muy malo preguntarse tantas cosas
que complican, además, el tratamiento

Marisa Wagner

La ironía con la que escribía poesía la poeta Marisa Wagner sigue siendo una clase magistral de cómo transformar la basura en belleza, que era el sentido de la poesía para el poeta Roberto Santoro. En “Los montes de la loca” (2009, Wagner) el poema “Con los días contados” versa ironías que corroen la corrección política

 

Hace 731 días

Que no hago el amor,

Que no como papas fritas,

Que no voy al cine,

Que no me tomo una cerveza,

Que no veo a mis amigos.

Hace 731 días

de todo

O casi todo…

Hoy hace dos años

que llegué al hospicio.

¡Feliz cumpleaños!

Voy a brindar

Tomándome las pastillas

de un solo trago.

 

Mural en Buenos Aires que representa a Roberto Santoro co la palabra poeta en la frente

 

Compartir este texto no es fácil, pero espero pueda servir para ampliar la forma de relacionarnos con las personas. Jugaré con las palabras para recorrer como una historia clínica estigmatizante se puede volver crónica literaria para finalmente transformarse en una opinión personal que justifica tratamientos involuntarios.

Conseguí, luego de un enorme costo emocional por atravesar barreras burocráticas, un resumen de la historia clínica de mi primera internación psiquiátrica involuntaria. Cuando logré leerla completa decidí inventarme una fecha de cumpleaños en el calendario. El 1 de Septiembre, es mi cumpleaños neurodivergente, porque en esa fecha tuve mis primeros delirios y alucinaciones en el año 1994, cuando tenía apenas 16 años y fui ingresado a un hospital psiquiátrico por primera vez de forma involuntaria según documenta el resumen mi historia clínica. La actitud de curiosidad y cuestionamiento conforma un primer paso hacia la resiliencia.

Cuando llevé a escena mi texto “La Salamanca” (2024, Robinson), dirigí una actriz que había decidido dejar de festejar su cumpleaños, como una forma de protesta filosófica. Ella no estaba específicamente en contra de la celebración social, ni de la educación familiar, ni del mandato de la celebración. Ella simplemente estaba dando una lucha contra la estructura que nos hace concebir, pensar y medir el tiempo para que siga sucediendo de forma lineal. La forma en que medimos el tiempo es acumulativa. Los días se suman a sí mismos, para que los meses y los años puedan hacer lo mismo. Las efemérides, las fiestas religiosas y las fechas históricas como la celebración de un cumpleaños, representan un culto al calendario, la forma definitiva de organizar el tiempo, lo que es decir la existencia.

El cumpleaños que festejo siempre es el neurotípico, el que sucede en la realidad convencional que comparto con familia y amistades el 5 de Octubre de 1977, fecha en la que efectivamente fui dado a luz, ingresando a la realidad convencional en provincia de Buenos Aires, mientras que mi cumpleaños neurodivergente es el 1 de Septiembre de 1994, ingresando por primera vez a una realidad alternativa a la convencional. Durante muchos años no le di importancia a esa fecha, hasta que luego de muchos ajustes sobre la manera en que interpretaba lo que me había sucedido decidí empezar a contar mi propia historia desde mi experiencia sobre lo que la medicina describe en mi historia clínica como un brote esquizofrénico.

Los hechos traumáticos pueden volverse parte de nuestra identidad, porque nos acompañan y puede llevar mucho tiempo procesarlos para entender que pueden ser parte de nuestro presente, sin que por esto tengan que condicionarnos o definirnos. Durante estas tres décadas fui creando mi propia narrativa de lo que me sucedió el 1 de Septiembre de 1994 y hace poco más un año conseguí la historia clínica que documenta en palabras médicas, el primer día de internación involuntaria.

Recordar la fecha del 1 de Septiembre de 1994 como un día muy especial en la historia de mi vida, como un cumpleaños neurodivergente, es una estrategia de supervivencia para afirmar, valorar y compartir mi narrativa basada en mi propia experiencia sobre parte de mi historia, que me fue arrebatada.

Los tratamientos involuntarios en contextos de encierro son hechos tan traumáticos que pueden volverse para la persona que los padece, como su familia y amistades un tema al que se vuelve una y otra vez, pero desde distintas perspectivas. Muchas veces escuché personas, incluso terapeutas con quienes hice psicoanálisis que, con la mejor intención y bondad en su corazón, me decían que tenía que dejar el pasado atrás para superarlo definitivamente.

El impacto que tuvieron los tratamientos involuntarios en mi vida fue tan grande, y las oportunidades que perdí debido a cumplir los tratamientos fueron tantas que aun tengo la necesidad de compartir mi interpretación, mi perspectiva sobre lo sucedido. No busco ocupar el lugar de víctima, ni el de sobreviviente, ni definirme como una persona neurodivergente, sino que simplemente quiero expresar mis creencias para sentirme parte de la sociedad.

La identidad está en constante cambio, pero nuestra historia suele ser más estable. Por un lado, lo que hacemos, lo que hicimos y lo que queremos hacer compone nuestra identidad, así como la cultura en la que estamos. Por otro lado, lo que nos cuentan y nos contaron de nuestra historia también conforma la identidad. Por esto, la información que está en mi historia clínica que llegó a mi familia y relaciones, pasó a ser parte de mi identidad sin que yo lo decidiera. Los relatos y descripciones en la historia clínica fueron los que determinaron que sea identificado de determinada forma. Las primeras líneas de la historia clínica expresan lo siguiente:

Motivo de la internación.

Paciente que ingresa en compañía del padre y el doctor Giménez, para su internación por presentar un episodio de excitación psicomotriz, con diagnóstico presuntivo de Brote esquizofrénico.

 

En el texto original la oración “Motivo de la internación”, está centrada en la hoja y subrayada, como si fuera el capítulo de un libro. ¿Para ser internado en un hospital psiquiátrico, es necesario estar acompañado por un doctor Giménez? ¿Y Giménez es solamente licenciado te internan igual? ¿Siempre es necesario presentar un episodio de excitación psicomotriz?  ¿El entusiasmo es una forma de la excitación psicomotriz?

En el texto original La palabra “Brote” escrita en mayúscula, se destaca en jerarquía gramatical, por sobre la palabra “esquizofrénico” en minúscula, como si la palabra brote efectivamente pudiera describir algo en los seres humanos. ¿Si el brote se escribía con minúscula, no hubiera sido lo suficientemente grave para motivar una internación? Más adelante el texto de la historia clínica continua su diatriba contra mi joven versión de 16 años y nuevamente destacan la importancia del doctor Giménez.

 

Ingresa en compañía de su padre y doctor Giménez; en actitud de extrañeza, agresivo, desorientado, impresionando por momentos alucinado. A su ingreso se lo medica con el fin de lograr una pronta sedación.

 

¿Cómo no iba a estar impresionado si me llevaban a un lugar extraño para encerrarme? ¿Cómo no iba a estar desorientado si nunca nadie me explicó a donde me iban a llevar ni por cuánto tiempo? ¿Cómo no iba a ponerme agresivo siendo adolescente, si no me daban explicaciones? Es irresistible la tentación de delirarlos, aunque sea a la distancia y después de 32 años. Es mi pequeña revancha poética.

Más allá de las humoradas, recuerdo todo el proceso y los acontecimientos que me llevaron a alucinar y delirar en mis dos brotes psicóticos. Incluso los he descripto respectivamente en los libros “Actuar como loco” (2013, Robinson) y “El cuerdismo” (2019, Robinson) con el objetivo de compartir mi perspectiva de lo que había sucedido como una narrativa alternativa ante el relato que quedó escrito en la historia clínica, que no admite otras explicaciones posibles porque su función es la de justificar el tratamiento involuntario, para lograr una pronta sedación como indicó la doctora Dipasquale, en el momento de mi ingreso con el ya célebre, doctor Giménez.

Aun no celebro con otras personas mi cumpleaños neurodivergente, sino que me dedico un tiempo personal para un ritual íntimo en el que agradezco a Dios. Y me pregunto en qué nos apoyamos para seguir adelante en los momentos de mayor adversidad. Muchas personas, abrazan una identidad activista. En su momento, lo hice y es bueno ayudar a otras personas a modificar su narrativa.

Por mi parte hoy me dedico a la literatura. Leer, me ayuda a percibir otras realidades de forma segura porque cerrar el libro me devuelve inmediatamente a la realidad convencional. Mientras que escribir, me ayuda a crear otras realidades y la técnica que he desarrollado me permite tomar distancia de la realidad creada para regresar a la realidad convencional, que es la realidad compartida en la que festejo mi cumpleaños neurotípico.

En una época, cuando me entrevistaban acerca de alguno de mis libros, obras teatrales o las relaciones entre arte y salud mental, me presentaba como una persona loca para poder describir los tratamientos compulsivos a los que me habían sometido y motivaron escribiera teoría sobre la creación literaria. Entonces, las conversaciones se desviaban de la estética, mi interés personal, hacia la política, el interés público.

En estos 32 años desde que se rebeló mi condición neurodivergente nunca dejé de escribir y publicar en distintos formatos como dramaturgia, novela, ensayo y publicaciones en internet. Tanto para los libros como para las publicaciones en internet, es importante registrar la fecha de publicación lo que permite ponerle un límite en el tiempo a determinada perspectiva. Algunos de mis textos los releo, particularmente aquellos en los que fui describiendo mi visión de los acontecimientos que me llevaron a las internaciones compulsivas.

Entonces, retomo la pregunta sobre para quienes y porque motivos puede ser importante tener una fecha de nacimiento neurodivergente. En principio puede ser útil para quienes han vivido tratamientos de salud mental involuntarios y traumáticos, que tengan dudas sobre lo que escucharon en los diversos consultorios y que tengan la predisposición a aceptar que la neurodivergencia no es un diagnóstico de salud mental. Por esto, es importante señalar que estas historias clínicas describen los justificativos de tratamientos compulsivos, y no es tarea sencilla enfrentar esos textos con un análisis crítico. Esos textos pueden desregular a una persona debido a su alta carga estigmatizante y patologizante. En los textos de las historias clínicas se recuerda, remueve y revive el pasado traumático.

Para terminar, destaco que la lectura de esos textos puede ser liberadora, porque por un lado la sociedad le da la razón a la medicina, pero por otro esos mismos textos son solo palabras, que son la esencia de la poesía. Releer esos textos que justificaron el abuso y la violencia, es mantener viva la memoria para recordar que por mas injustas que hayan sido las palabras que nos transformaron en un paria, esas mismas palabras las podemos desplazar a la poesía para compartir nuestra perspectiva.

Brota la esquizofrenia, pero también brotan las flores, los poemas y los manantiales. En definitiva, cambiar la narrativa de lo que nos hicieron es como un manantial de agua fresca que brota en medio de un desierto.

 Alan Robinson,

Buenos Aires, 1 de Septiembre 2026

 

Alan Robinson, en un viaje a Mexico para festejar el cumpleaños de 15 de su hija

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2 Comentarios

  1. Sara Berlfein

    Me salte partes por que me resultaban muy violentas
    Pero estás frente al mar sonriendo y con tu hija 🥰🙋‍♀️

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    • Leonardo

      Brota la esquizofrenia como también las flores,cómo una palabra puede determinar un hundimiento de una persona o un fortalecimiento….te dejo un abrazo Alan,gracias por compartir esto con nosotr@s!!!

      Responder

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